Había pasado el Examen Chuunin a los 13, y llegó a la supervisión directa de Kankurou a los 15. Era de una generación que no había experimentado la batalla con Kaguya. Amagi era un chico joven con rasgos andrógenos, como su angelical cabello castaño marrón, que algunas veces era confundido por una chica.
“¡Voy saliendo!” Gritó Amagi, y diez… no, veinte kozura* volaron desde sus mangas hacia el enemigo. En el mismo instante, el mismo Amagi había lanzado varios puñados de dagas.
Era un despliegue muy artístico de las habilidades de Amagi, pero incluso el jounin Kankurou tendría la habilidad de crear el tiempo que le permitiría bloquear la descarga de las pequeñas y filosas armas en un instante.
“¡UOOOOOOOOOOOOOOOOO!” El gigante movió su brazo para quitar los molestos projectiles.
Pero, eso fue lo que Amagi había estado esperando.
“¡Te tengo!” Gritó Amagi, y el kozura que lanzó repentinamente se juntaron como cinturones plateados. Cambiaron de curso en medio del aire, bloqueando el brazo del gigante y en su lugar dirigiéndose directamente a su corazón, apresurándose como una lluvia de meteoro.
Ah, así que usó hilos de chakra después de todo. Pensó Kankurou.
Era una especialidad de los shinobi de Sunagakure el usar el chakra que el shinobi poseía y convertirlo en hilos que podían controlar marionetas. Usando hilos de chakra para controlar la dirección de los kozura, como un tipo de dispositivo de rastreo, era una técnica original investada por Amagi.
Pero, como dije. Aún es joven.
“¡RUOOOOOOOO!” Rugió el gigante, juntando toda su fuerza.
“!”